La peste

foto Luis Rodriguez
Luis Rodriguez - nuevayorkya.com

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Proverbio chino o como dicen otros: El hábito no hace al monje.

Por Luis Rodríguez (Laro)

Iba tarde para el trabajo, mientras más rápido caminaba más lejos veía la estación del tren.  El frío, producto de un otoño cansado de vivir, no me ayudaba a cambiar mi estado de enfado mañanero. Llegué a la estación, pasé por el frente de tres policías expertos en seguridad nacional que no se fijaron en mí. Deslicé la Metrocard por la ranura metálica en un acto cotidiano.   Subí las escaleras y al llegar al andén seguí caminando sin mirar hacia atrás.

Foto Sam Hodgson

Foto Sam Hodgson – nuevayorkya.com

Al llegar el tren, entré primero que nadie, y como un cazador en busca de su presa reconocí un asiento que curiosamente estaba vacío aun cuando había varias personas paradas.  Me tiré en aquel plástico anaranjado y mi hombro tuvo contacto con el de alguien que estaba en el asiento de al lado.  No lo miré, pero no tarde mucho en percatarme que desde su lado salía un hedor que me llamó la atención inmediatamente.  Muchos de los que estaban allí empezaron a moverse un poco más lejos de donde estábamos él y yo.  Me dio coraje tener que estar soportando aquel olor tan incómodo, especialmente cuando había pagado mi tarifa y estaba seguro que este individuo no había pagado la suya. Los bolsos que él cargaba no me dejaban acomodarme bien en el asiento, que con tanto sacrificio me había ganado. Lo miré de reojo y tenía la cabeza contra el cristal. Su abrigo mostraba el tiempo que había tenido de sequía. Pero eso le pasa sólo porque le da su maldita gana, ¡sí! Porque si trabajara honradamente como yo, no estuviera en estas condiciones tan asquerosas y deprimentes.  ¡Que patético! ¡¿Acaso no le da vergüenza andar así?!

El movimiento de lado a lado del tren me hacía chocar con aquel tipo tan apestoso.  Para acabar de fastidiar la cosa, no sé en qué estaba pensando el conductor, pero tenía el calentador prendido como si estuviéramos en invierno.  El hedor se intensificaba más y más. ¡Maldita sea! ¿Cuándo pensará bajarse este puerco?

Al fin el tren se detuvo y el tipo se levantó del asiento con dificultad.  ¡Gracias a Dios!  Tomó sus paquetes y justo frente a la puerta me miró y me gritó: ¡You stink!  Me quedé sorprendido, cómo se atrevía este tipo, después de mantenerme en una tortura por casi media hora, a decirme eso.  Algunas de las personas me miraban serias. Miré alrededor y noté que todavía algunos se estaban estrujando la nariz en obvia intensión de quitarse un poco la peste que los agobiaba. Noté que aquel ambiente hediondo seguía en el mismo sitio, como si hubiese plantado bandera.

Ahora, con un poco de sudor en mi frente fría, estoy levantando poco a poco mi zapato y voy descubriendo que… yo… he pisado mierda, y me quedan tres paradas más.

Luis Rodríguez (Laro), es un científico ambiental, fotógrafo y escritor, que ha cultivado la poesía y la narrativa desde muy joven. Ha publicado dos poemarios anteiormente; Entre la sombra y el albedo (1996) y Versos clandestinos (2001). Recientemente, Laro ganó el segundo lugar, categoría comunidad, en el Laudo XXI Certámen literario Poesía, Cuento y Ensayo 2016, de la Universidad de Politécnica de Puerto Rico. En Amor de superhéroe, Laro visita nuevamente el amor desde los cuatro puntos cardinales. Invitándonos a luchar, de alguna manera, a mantenerlo vivo, a través de la pasión, la tristeza, la esperanza, y con un poco de humor.

About the Author

Elizabeth Arias Ojeda
Diseño, diagramación, layout y web de nuevayorkya.com

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