China llevará agua al desierto construyendo un túnel de 1.000 kilómetros

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Un túnel de mil kilómetros en China, que se convertiría en el más largo del mundo, llevará agua desde el Tíbet hasta el desierto de Taklamakán, en Xinjiang (noroeste), si sale adelante el proyecto en el que trabajan ingenieros del país.

Según informó hoy el diario South China Morning Post, esta obra de ingeniería transportará el agua del río Brahmaputra hasta el desierto de Taklamakán, que ocupa una superficie de 270.000 kilómetros cuadrados, equivalente a la suma de las provincias de Santa Fe y Santiago del Estero.

Una vez construido superará con creces al acueducto subterráneo de Nueva York, actualmente el más largo del mundo, con 137 kilómetros de longitud. Desviaría el rio Yarlung Tsangpo, que a su paso por la India se convierte en el Brahmaputra, y muere en el Ganges, en Bangladesh.

En China, el túnel que ahora ostenta el récord tiene 85 kilómetros y se encuentra en la provincia de Liaoning (noreste, en la frontera con Corea del Norte), pero en agosto pasado el Gobierno inició la obra de otro que medirá 600 km, y estará terminado en 8 años, en Yunnan, al sur del país.

Este último, lo suficientemente ancho como para permitir la circulación de dos trenes de alta velocidad y que atravesará montañas a miles de metros por encima del nivel del mar, servirá de ensayo de la nueva tecnología, los métodos de ingeniería y la infraestructura necesaria para el futuro túnel que unirá el Tíbet y Xinjiang, según informa el diario.

La meseta del Tíbet impide que la lluvia que trae el Monzón desde el Océano Índico alcance Xinjiang, aislada al norte por el desierto de Gobi y al sur por el de Taklamakán, lo que deja un 90% de la región no acondicionada para la vida humana.

“El proyecto de canalización de agua en Yunnan demuestra cerebro, músculo y herramientas para construir túneles extremadamente largos en terrenos hostiles sin hacer saltar la banca, lo que dará confianza a las autoridades para aprobar el de Xinjiang”, explicó un investigador de la Academia China de Ciencias al periódico chino. “No debe haber dudas de que China construirá el túnel”, apuntaba a Quartz el investigador Lobsang Yangtso, de la International Tibet Network.

Hay, pero, dos grandes problemáticas en el proyecto. La primera, que los gobiernos de la India y Bangladesh alcen la voz por el desvío del caudal. “Podría ser desastroso para ellos”, dice Yangtso.

El otro gran problema es que tanto la meseta de Yunnan como la del Tíbet son zonas propensas a sufrir terremotos y cuentan con muchas fallas activas. Los ingenieros a cargo del proyecto podrían haber dado con una solución: se utilizarán materiales fuertes pero flexibles y resistentes al agua que unirían las tuberías de cemento, a imagen y semejanza de los vagones de metro, unidos unos a otros por acordeones.

La primera vez que se barajó la posibilidad de verter agua desde el Tíbet hasta Xinjiang fue durante la dinastía Qing, en el siglo XIX, pero nunca pasó de la fase de borrador debido a los enormes costes del proyecto, el reto que supone para la ingeniería, el posible impacto medioambiental y las potenciales protestas de los países vecinos.

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Elizabeth Arias Ojeda
Diseño, diagramación, layout y web de nuevayorkya.com

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