Kennedy, el crimen del siglo

foto John F. Kennedy momentos antes de ser asesinado
John F. Kennedy momentos antes de ser asesinado - nuevayorkya.com
foto John F. Kennedy y Jackie

John F. Kennedy y Jackie – nuevayorkya.com

La publicación incompleta de los últimos documentos sobre la muerte del expresidente de Estados Unidos deja mal paradas a la CIA y el FBI, alimenta varias teorías conspirativas y arroja algunas luces sobre ese día fatídico.

El 22 de noviembre de 1963 sucedió lo impensable. Ese día, el hombre más poderoso del mundo murió acribillado ante los ojos de una multitud, mientras su limusina descapotada circulaba en medio de una caravana oficial por el centro de Dallas. Ni sus guardaespaldas, ni su esposa, Jacqueline, ni nadie pudieron protegerlo de las balas que impactaron en su pecho, garganta y cráneo. Durante varios segundos, la confusión fue tal que ni siquiera era claro de dónde provenían los tiros. Más de medio siglo después, el magnicidio sigue planteando más preguntas que respuestas. Pero eso podría comenzar a cambiar.

En los 2.892 documentos confidenciales sobre el asesinato de John F. Kennedy que los Archivos Nacionales de Estados Unidos publicaron por primera vez el jueves hay de todo: fotografías en blanco y negro, memorandos borrosos, decenas de páginas escritas a mano, informes incompletos y hasta justificaciones de gastos. Aunque a última hora el presidente Donald Trump aplazó otros 6 meses la publicación de otros 300 informes ultrasensibles, los que vieron la luz ponen en evidencia los tejemanejes de la CIA, la confusión del FBI, la respuesta de los rusos y las relaciones de la mafia con esas agencias de inteligencia.

Unas muertes anunciadas

foto Los Kennedy durante el desfile

Los Kennedy durante el desfile – nuevayorkya.com

Poco después del magnicidio, las autoridades detuvieron en una sala de cine a un muchacho desgarbado y de aspecto anodino cuyo nombre pasaría a la historia: Lee Harvey Oswald, un marine desertor que vivió cuatro años en la Unión Soviética. Según las autoridades, este efectuó varios disparos desde el último piso del depósito de libros escolares de esa ciudad. Oswald siempre negó su participación en los hechos y afirmó incluso que alguien lo había suplantado. Pero nunca pudo defenderse. Dos días después, un mafioso llamado Jack Ruby surgió de entre la gente que lo esperaba a la salida de una comisaría, le disparó a quemarropa y lo mató ante las cámaras de la televisión antes de que pudiera testificar.

Desde ese momento algo olió mal en el tratamiento que las autoridades le dieron al caso. ¿Por qué desprotegieron a Oswald si este era el principal sospechoso? ¿Qué papel jugó la mafia? Aunque el misterio continúa, entre los documentos más llamativos publicados el jueves se encuentra un memorando del 24 de noviembre de 1963 (es decir, dos días después de la muerte de Kennedy). En este, el director del FBI, J. Edgar Hoover, escribe: “Ayer recibimos de nuestra oficina de Dallas una llamada de un hombre que hablaba con calma, quien dijo que pertenecía al comité para matar a Oswald. Le notificamos la situación al jefe de Policía y este nos garantizó que Oswald tendría la protección necesaria. Y, sin embargo, eso no sucedió”.

foto Atentado de muerte a John F. Kennedy

Atentado de muerte a John F. Kennedy – nuevayorkya.com

Otros documentos publicados el jueves muestran a su vez que la CIA se alió en varias ocasiones con la mafia para realizar operaciones internacionales (como matar a Fidel Castro) y también que Ruby no era desconocido para sus agentes. Aunque no hay datos que apunten a que ese tándem actuó contra Kennedy, esa circunstancia arroja aún más sospechas sobre los objetivos de esa agencia en este proceso. Según los documentos publicados el jueves, no solo la CIA estaba detrás de Oswald, sino que también los agentes del FBI en Dallas le estaban respirando en la nuca apenas un mes antes del magnicidio.

Todo lo anterior les da fuerza a algunas de las teorías conspirativas que han pululado en este medio siglo. La mayoría de ellas apuntaba a que Oswald no actuó solo, por lo que Ruby no habría sido más que un sicario encargado de silenciarlo para que no denunciara a sus cómplices, entre los que se encontrarían supuestos agentes estatales como el ‘hombre del paraguas’ o el del ‘montículo de pasto’ (grassy knoll). El primero llamó la atención porque, el día del magnicidio, estaba junto al carro de Kennedy vestido con un impermeable y una sombrilla abierta en un día soleado. Según algunos, esta ocultaba un arma que disparó la bala fatal. Por su parte, el misterioso hombre del ‘montículo de pasto’ habría disparado contra el presidente desde una barda de madera situada más arriba.

Buena parte de esas teorías se basan en la hipótesis de la ‘bala mágica’, según la cual el mismo proyectil no podría haber impactado a Kennedy y al gobernador de Texas, John Connally, que se encontraba en un asiento delantero, pues esta habría tenido que dar una absurda curva en pleno vuelo. La película JFK, que Oliver Stone estrenó en 1992, popularizó esa hipótesis.

Una versión ‘oficialmente’ falsa

foto Funeral de John F. Kennedy

Funeral de John F. Kennedy – nuevayorkya.com

Lyndon Johnson, quien asumió el cargo como vicepresidente de Kennedy, organizó el primer intento del gobierno por desentrañar el misterio. Con tal fin, organizó una comisión presidida por el fiscal Earl Warren, que interrogó a 25.000 personas, recogió 3.000 evidencias físicas y tomó 10 meses. Concluyó que tanto Oswald como Ruby actuaron solos y que los servicios de inteligencia solo habían fallado en cuanto a no haber evaluado correctamente los riesgos de los nuevos desplazamientos del presidente. Como resultado, las teorías conspirativas se dispararon.

Algunas de ellas acusaban al propio Warren. Otras al complejo militar industrial, la ultraderecha de Texas, el narcotráfico, los cubanos exiliados en Miami, Fidel Castro o incluso al gobierno de Vietnam del Sur, por las supuestas intenciones de Kennedy de retirar sus tropas de su territorio. Algunas más acusaban al propio Johnson, que habría estado detrás de una conjura para acabar con Kennedy y así poder reversar una serie de medidas económicas adoptadas por la Reserva Federal que afectaban a las principales fortunas del país. Según un memorando de la CIA publicado el jueves, los rusos se decantaron por esa hipótesis, que los tuvo durante meses con los pelos de punta ante la posibilidad de que el caos y la falta de liderazgo favorecieran la llegada al poder de un “general oficial irresponsable que lance un ataque con misiles contra la Unión Soviética”.

Desde el principio, los rusos estuvieron a su vez entre los principales sospechosos del magnicidio junto con sus aliados cubanos, pues el magnicidio tuvo lugar en uno de los momentos más álgidos de la Guerra Fría. Pocos meses antes, había ocurrido la crisis de los misiles, y dos años antes tuvo lugar la fallida invasión de playa Girón para derrocar a Fidel Castro. En ese contexto, llamó la atención el viaje de cuatro días que Oswald realizó a Ciudad de México en octubre de 1963, es decir, un mes antes del magnicidio.

foto Feretro de John F. Kennedy

Feretro de John F. Kennedy – nuevayorkya.com

Según uno de los documentos publicados el jueves, durante ese desplazamiento Oswald se reunió con el cónsul ruso, Valeriy Kostikov, “un miembro de la unidad de asesinatos de la KGB”. En el transcurso del viaje, además, Oswald armó un escándalo en la embajada rusa cuando supo que solo podría obtener una visa para viajar a Moscú después de varios días. “¡Esto va a terminar en tragedia!”, gritó. Dos días después regresó para implorarles, les dijo que el FBI lo estaba persiguiendo y que lo iba a matar. Según algunas fuentes, a un cierto punto llegó incluso a hablar en la embajada de Cuba, en la que también trató de conseguir una visa, de matar a Kennedy.

En buena medida, los documentos publicados el jueves dan fe de una tremenda desorganización entre las agencias de inteligencia estadounidenses, y también de una gran actividad de los enemigos de Kennedy en los días previos a su asesinato. Por un lado, ponen en evidencia que aquellas trataron de lavarse las manos tras su incapacidad de actuar. Por el otro, que hayan pasado más de 50 años para que esa información se conozca muestra que el gobierno de Estados Unidos no necesita de ninguna confabulación para ocultar sus huellas. Su propia burocracia y el secretismo que impregna sus instancias bastan para frenar cualquier intento de llegar a la verdad.

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Elizabeth Arias Ojeda
Diseño, diagramación, layout y web de nuevayorkya.com

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